post-title Ser Fronterizo

Ser Fronterizo

Ser Fronterizo

Ser Fronterizo

Nunca he sabido qué es ser fronterizo, no sé ser latino en los Estados Unidos, sólo sé ser mexicano, a donde sea que voy, haga lo que haga sólo me siento mexicano, y cuando digo sólo, no lo digo como si fuera poca cosa serlo, créanme que ya es bastante, pero ¿seré chicano también? ¿seré mexican-american? sí caigo en la definición académica pero cuando pienso en un chicano imagino a Ritchie Valens bailando La Bamba o pantalones holgados y un paliacate en la frente mientras se come enchiladas con queso amarillo. No utilizo el spanglish, se me complica muchísimo hablar pocho pero créanme que lo he intentado con todo mi corazón, a veces pienso que no me doy a entender si no hablo like this o sea you know cómo, pero nunca se me dio, aunque crecí en ésta bella patria y no hablo de México o Estados Unidos, hablo de la patria de la frontera, ese punto aparte de todo lo demás, aquí somos ciudadanos de una nación distinta, la Nación Fronteriza ¡sí señor! En México dicen que los fronterizos son privilegiados, hasta homologan el costo de la gasolina gringa para que sea más barata. Dicen que todo es mejor para los fronterizos por tener a los gringos tan cerca. Ahora entiendo ese deseo de formar la República del Río Grande, estando tan lejos de todo, en el borde y la border, en los extremos, en la orillita pues, dan ganas de formar un gobierno propio, pero qué tentador es. 

Vivo en el centro de Laredo el de Tejas, muy cerca del río, puedo oír las balaceras que ocurren en México desde mi ventana mientras los famosos pericos salvajes del centro hacen su alharaca pues porque son pericos, el helicóptero de la Border Patrol es siempre un constante recordatorio de que existe una frontera, no simbólica, una división real lejos de la poesía y las metáforas, un Río Bravo que sorprende a los foráneos porque se ve tan tranquilo pero asesina, devora humanos y los escupe ilegales, los escupe sin identidad. No sé qué es ser un buen fronterizo, pienso que hago el intento, pago al IRS lo que se debe, pero gasto mis pocos dolaritos convertidos a pesos del otro lado en México, voy a cortarme el pelo cada dos semanas según porque es más barato, aunque al volver haga dos horas de fila y el costo de gasolina y el puente emparejen las cosas. Voy porque disfruto ese choque violento de mundos, cruzar el puente de un lado hacia otro es cruzar ese armario mágico que te lleva a Narnia, cuando cruzo el puente de USA a México respiro hondo y siento que llegué a casa, una casa desordenada pero que funciona de alguna manera.

Cuando cruzo de México a USA siento que podré dormir tranquilo, que una ambulancia toma tres minutos en llegar a donde sea que esté, hay una tranquilidad que a veces me asfixia, pero no es queja, aquí decidí vivir. A veces cruzo a México porque voy por queso, sí sólo por queso -1 kilo de panela menonita por favor- hay una fiesta en mi boca cuando pronuncio esas palabras, siempre pido un cachito para probar, aunque ya sé a qué sabe, o pido dos. Cuando era joven sólo tenía una bicicleta y cruzaba en ella para ir con la novia, cruzar el puente en bici para mí era como ir a la otra cuadra, no había dos países, el mismo viento en mi cara hasta llegar al amor. A veces cruzo a que me boleen los zapatos, no puedo creer que por 20 pesos le den vida nueva a la piel gastada, al mismo tiempo dormito por el masaje de pies de pilón, y leo las nuevas literarias en las revistas cuasi eróticas de traileros o me enteró de lo que pasó hace 10 años en la farándula. Pero siempre regreso, también soy gringo, voy al desfile de Jorge Washington y me gusta Taco Bell pero no le digo a nadie, me agrada hablar inglés y batallo mucho porque no hablo spanglish y cuando hablo inglés me gusta hablarlo bien, pero luego me sale un acento un tanto británico y sí es muy temprano y anduve de fiesta, Salma Hayek secuestra mis palabras. 

No sé ser un buen fronterizo, pero trato, trato de amar a dos países a la vez, como a dos mujeres con muchísimo cuidado. Siento que aquí somos un experimento de un científico loco, una raza híbrida, mutantes con el cuerpo dividido. Añoro, pero quién no, aunque una tortilla de harina bien paloteada te sabe igual donde sea que estés, curiosamente uno de los mejores logros culinarios de Nuevo Laredo son los hot-dogs gringísimos que venden a una cuadra del puente. La patria es portátil, y la patria a veces no es un lugar geográfico –la verdadera patria del hombre es la infancia- decía Rainer Maria Rilka. En éste desierto ya estamos bastante entretenidos con sobrevivir al calor, con poder pagar el recibo del aire acondicionado, no tenemos tiempo para preguntarnos de dónde somos. 

Decía la puertoriqueña Chavela Vargas que ella era mexicana porque -los mexicanos nacemos donde se nos da la chingada gana- cito. Me gusta ver desde mi ventana a México, lo poquito que alcanzo. Por las mañanas barro mi calle gringa igual como lo hacía en México, soy el único que lo hace en toda la colonia y echo agua después para que se aplaque la tierra y huela tan rico. Yo no sé qué es ser fronterizo, ni chicano, ni todo lo demás, pero trato, aprendo cada día a amar y volver fantástica la patria que me tocó, la patria de la frontera.  

Por Jorge Santana

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