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Frontera: Estimado Asaltante

by Jorge Santana

Debatí mucho escribirte estas palabras; una porque es muy probable nunca las leas, y otra porque más que una carta para ti, es un desahogo para mí, y escribirte algo pero que al final termina siendo para mí, suena confuso y estúpido, pero, en fin, lo haré. Cuando sentí en mis costillas la afilada pistola, no vi pasar toda mi vida como dicen en las películas; sólo vi la mesa de mi casa en la noche del 24, desolada. Vi después, a ese montón de cosas pequeñas de las cuales me hago cargo en casa, pero ahora sin que nadie se haga cargo de ellas; como el módem que hay que apagar y prender seguido para que funcione la internet, o el filtro del aire acondicionado que soy el único que recuerda limpiarlo, también pensé que nadie fastidiaría a los habitantes de mi casa con el hiriente “cierra la puerta con cuidado, no la azotes, es antigua” ni nadie sabrá cuanta agua ponerle a las plantas, o cómo quitar la maleza, en fin, un mundo de cosas microscópicas de las que me hago cargo, estupideces que acumuladas, forman ya algo un poco más tangible, y le dan un cierto sentido a mi existencia. Si esa pistola escupe sus balas ¿quién se hará cargo de las ramas de la anacahuita? ¿quién recordará dónde están enterradas las mascotas en el jardín? ¿quién les recordará cuándo pasa la basura? Después de esa fracción de segundo donde pensé todas esas pequeñeces, se apoderó de mi una calma kamikaze que no debería de existir, lo que debí es tener miedo, y rendirme a ti, pero no lo tuve, siendo que soy un fiel creyente de que hay una dosis de terror necesaria para poder sobrevivir. Por eso es que luché estimado asaltante, y no pude permitir me violentaras. Tuve la oportunidad de utilizar la pequeña navaja de bolsillo en tu contra, o alguna pluma inservible que colecciono en el coche, pude haberte hecho daño, pero no, sólo atiné a empujarte para tratar de huir. Pensé también en tu mesa la noche de navidad, en tu madre, porque debes tener una, aunque todo el infierno se apoderó de ti en ese momento, no naciste del abismo, naciste de un vientre amoroso, de una madre que sonrió cuando te vio por vez primera. Tú también como yo festejaste cumpleaños, y alguien, si tienes pareja, te considera o consideró como lo mejor que le ha pasado en la vida. No pude hacerte daño, pero tú sí podías. No sé si el arma era falsa o tal vez tuviste piedad, quiero pensar lo segundo, necesito pensar fue lo segundo. Pero no puedo sacarme de la cabeza a tu madre porque eres muy joven, alguien debe estar esperándote en casa, alguien debe recibir el lavado botín de lo que robas, a alguien le mientes diciendo que trabajas por las noches. Pero aquí seguimos, aunque yo he tenido unos días complicados, hay una presión sobre mi pecho, y tengo una sensación de no pertenecer, como si me hubieras matado y deambulara fantasma por las calles; pero sé que aquí sigo, vivito, porque todas esas cosas tontas de las que yo me encargo y que me dan sentido, están bien; las plantas regadas, nadie hace pozos en el jardín donde están enterrados los perros, hay internet, y cuidado con azotar la puerta. Sigo vivo, y tú también, porque te enfrentaste con un loco que no tiene miedo, que perdió el miedo por vivir en la ciudad tan difícil donde vivimos, el miedo aquí se nos olvida para poder seguir viviendo. Loco sin miedo, pero no sin piedad, eso nunca. Sabes, no soy religioso, me cuesta mucho tener fe y todas esas cosas, soy bastante frío, pero cuando te digo “estimado asaltante…” lo digo sincero, te estimo porque me dejaste vivir, porque quiero pensar, que así lo decidiste, que no fue un error del cual te arrepientes, que no jalar el gatillo no fue porque era un arma falsa, fue porque también pensante en mi familia. Me diste una gran lección sobre mí mismo y de esto terrible, algo bueno habré de sacar. Gracias te doy, y estaré pensando en la cena del 24, en tu cena, en tu madre, en tu esposa, quizá tengas algún hijo que no quieres sea como tú, pensaré en ustedes, y que aquí seguimos, estimado asaltante, con otra oportunidad, feliz navidad y espero nunca volverte a ver.

– jorgesantana1@gmail.com

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